El Ing. Jorge Gómez, Director de Comytel S.A. y ex presidente de la Federación Económica de Corrientes, organizó la gira que llevó al politólogo Rosendo Grobocopatel a recorrer durante dos días puntos estratégicos de la producción correntina, entre ellos el Puerto de Ituzaingó, ACON Timber y Las Marías. El punto más alto fue el encuentro con más de 50 empresarios en COPRA, Mercedes, donde el Proyecto Arpulp —una inversión estimada en USD 2.000 millones— se convirtió en el espejo de todo lo que Corrientes puede lograr si mejora su competitividad logística. Para Gómez, las grandes empresas abren el camino para que las PyMEs puedan integrarse, crecer y beneficiarse con una logística más económica, más eficiente y más conectada con los mercados.

Cuando surgió la posibilidad de traer a Rosendo Grobocopatel —que tiene una capacidad muy especial para escuchar, ordenar ideas y facilitar conversaciones productivas— lo vimos como una oportunidad única. Pero decidimos que no podía ser solamente una charla en la capital. Queríamos que Rosendo viera Corrientes desde adentro, recorriendo empresas, rutas, puertos, plantas industriales y territorios productivos.
La provincia tiene un potencial extraordinario, pero muchas veces ese potencial no se entiende desde un escritorio. Hay que verlo en el territorio.
¿Cómo fue el recorrido?
Fueron dos jornadas muy intensas. El 27 de mayo comenzamos en Ituzaingó, donde visitamos el Puerto de Ituzaingó, una obra estratégica para la provincia por su ubicación sobre el Paraná Superior y por su potencial para convertirse en una pieza clave de la salida productiva correntina hacia los mercados.
Luego recorrimos ACON Timber, FRESA y Las Marías. El 28 fuimos a Mercedes, donde se realizó el encuentro en COPRA con más de cincuenta empresarios y referentes del sector privado correntino, en un almuerzo de camaradería, sin estrado ni discursos formales.
Ese fue uno de los momentos más valiosos de toda la gira. No fue una reunión armada para la formalidad. Fue una conversación auténtica entre empresarios que conocen la realidad de producir en Corrientes.
Usted mencionó ACON Timber y Las Marías. ¿Qué importancia tuvieron esas visitas dentro de la gira?
Tuvieron una importancia especial porque permitieron mostrarle a Rosendo Grobocopatel dos realidades productivas muy representativas de Corrientes: la industria moderna, con inversión, tecnología y escala, y la empresa arraigada en el territorio, con historia, empleo y cultura productiva.
La visita a ACON Timber permitió ver de cerca la magnitud que puede alcanzar la foresto-industria correntina cuando se combina recurso natural, capital, planificación e integración con los mercados. La recorrida por Las Marías, por su parte, mostró otra dimensión del desarrollo: una empresa profundamente vinculada a su comunidad, a la producción yerbatera, al empleo local y a una marca que identifica a Corrientes dentro y fuera de la provincia.
Pero el valor de esas visitas no estuvo solamente en observar dos empresas importantes. Lo más relevante fue comprobar que cuando una empresa correntina crece, se activa una red mucho más amplia de proveedores, transportistas, contratistas, talleres, profesionales, servicios tecnológicos, comercios y PyMEs locales. Ahí aparece el verdadero sentido de la agenda: las empresas insignia abren camino, pero el beneficio debe llegar al conjunto del entramado productivo.
¿Qué tema emergió con más fuerza en cada parada?
El mismo en todas, sin excepción: el costo logístico.
En el Puerto de Ituzaingó, en ACON Timber, en Las Marías, en Mercedes. Cada sector tenía su propio producto, su propia ruta, su propia historia y su propia escala. Pero todos llegaban al mismo diagnóstico: sacar la producción correntina al mundo es más caro de lo que debería ser.
Y en el centro de esa conversación aparecía siempre la hidrovía, el transporte fluvial y las leyes que regulan la navegación, la bandera y el cabotaje. Corrientes puede producir más, industrializar más y exportar más. Pero si la logística sigue siendo cara, una parte importante de ese esfuerzo se pierde antes de llegar al mercado.
El encuentro en COPRA tuvo una dimensión especial. ¿Qué ocurrió en esa mesa?
Fue el momento más significativo de la gira. Estaban representados sectores muy diversos: foresto-industria, arroz, ganadería, servicios, comercio, tecnología, logística y referentes empresariales de distintas localidades.
En ese almuerzo, de manera completamente natural —nadie lo impuso ni lo condujo—, la conversación derivó hacia el Proyecto Arpulp. El Dr. José Aranda, que participó del encuentro, compartió información sobre el proyecto, y eso abrió una conversación extraordinaria.
Lo interesante fue que Arpulp no apareció como un tema aislado, sino como el símbolo de una discusión mucho más amplia: qué condiciones necesita Corrientes para transformar su potencial productivo en desarrollo real.
¿Por qué ese proyecto conectó tan rápidamente con los empresarios presentes?
Porque Arpulp condensa todo lo que Corrientes puede ser y, al mismo tiempo, todo lo que todavía necesita resolver para serlo.
Estamos hablando de una inversión estimada en USD 2.000 millones, de una planta de celulosa fluff en el Parque Industrial de Ituzaingó, orientada a la exportación, con impacto directo en empleo, producción forestal, servicios, transporte, energía, tecnología y proveedores locales.
Pero lo más importante es entender que una inversión de esa escala no beneficia solamente a una empresa. Estas grandes empresas abren el camino para que las PyMEs puedan integrarse a nuevas cadenas de valor, crecer en escala, profesionalizarse y acceder a oportunidades que antes parecían lejanas.
Si se desarrolla correctamente, un proyecto de esta magnitud puede traccionar a cientos de PyMEs correntinas: transporte, metalmecánica, construcción, mantenimiento, software, telecomunicaciones, alimentación, seguridad, capacitación, servicios profesionales y proveedores locales.
Ese es el punto central: las grandes inversiones abren camino, pero el desarrollo verdadero se mide por la capacidad de integrar a las PyMEs al proceso productivo.
¿Y ahí apareció nuevamente el problema logístico?
Exactamente. Porque un proyecto de esa escala, con vocación exportadora, depende absolutamente de que la hidrovía funcione bien y sea competitiva en costos.
Y los empresarios presentes lo entendieron de inmediato, porque es el mismo problema que enfrenta el productor de arroz de Mercedes, el maderero de Virasoro, el operador del Puerto de Ituzaingó, el transportista, el industrial, el comerciante y el proveedor PyME.
El costo de sacar la producción al mundo está condicionado por la infraestructura, pero también por la legislación. Por las reglas de bandera, de cabotaje, de navegación y de operación fluvial. Esas normas determinan qué barcos pueden operar, bajo qué condiciones y con qué estructura de costos.
Si esas reglas no acompañan, Corrientes paga un sobrecosto que erosiona su competitividad. Y ese sobrecosto no lo paga solamente una gran empresa: lo paga toda la cadena productiva.
¿Cuál es concretamente el nudo del problema?
El problema es que la legislación vigente en materia de cabotaje y bandera termina generando costos más altos para operar en los ríos argentinos. La ley de cabotaje reserva el transporte entre puertos argentinos a buques de bandera nacional. En principio, puede sonar razonable. Pero cuando esa regulación encarece de manera significativa la operación, termina funcionando como una barrera para la competitividad.
En una provincia como Corrientes, ubicada aguas arriba y con una enorme dependencia de la logística para llegar a los mercados, esa diferencia pesa mucho. Es casi un impuesto oculto sobre la producción.
Cuando uno piensa en Arpulp, el impacto es evidente por el volumen que puede mover. Pero el mismo razonamiento vale para una PyME que necesita colocar su producción en otra provincia o exportar. Si el flete es caro, si la hidrovía no es competitiva, si los puertos no están plenamente operativos o si las normas no acompañan, la producción correntina pierde margen, pierde mercado y pierde oportunidades.
¿Por qué es tan difícil reformar esas leyes?
Porque requiere construir consensos amplios y porque el debate necesita más profundidad de la que habitualmente recibe.
Una reforma inteligente del régimen de bandera y cabotaje no debería ser vista como una amenaza. Al contrario, puede ser una oportunidad para todos. Una hidrovía más competitiva, con más tráfico y más volumen de carga, genera más demanda de tripulaciones, practicaje, remolque, servicios portuarios, talleres, mantenimiento, logística y actividad económica.
El desafío es encontrar una fórmula equilibrada: mejorar la competitividad sin afectar derechos laborales y garantizando que el crecimiento del tráfico fluvial también se traduzca en más y mejores empleos argentinos.
El problema no es abrir o cerrar por consigna. El problema es construir una legislación moderna, realista y orientada al desarrollo. Lo que no podemos seguir haciendo es sostener un régimen que encarece la producción, frena inversiones y termina perjudicando incluso a quienes pretende proteger.
¿Qué rol puede jugar el sector privado correntino en esa discusión?
Un rol central. Esa fue, precisamente, una de las conclusiones más importantes de la gira.
El sector privado correntino tiene un diagnóstico muy claro, construido desde la experiencia concreta de producir, invertir, transportar y exportar desde una provincia periférica en términos logísticos, pero estratégica en términos geográficos.
Rosendo Grobocopatel lo percibió rápidamente. Le llamó la atención la claridad y la coincidencia entre empresarios de sectores muy distintos. No era un reclamo sectorial aislado. Era una mirada compartida: Corrientes necesita bajar sus costos logísticos para poder desplegar su verdadero potencial productivo.
Creo que el sector privado tiene la responsabilidad de llevar ese consenso a la conversación nacional. No desde la queja, sino desde una propuesta seria. Corrientes no está pidiendo privilegios. Está pidiendo condiciones razonables para competir.
¿Qué lugar ocupan empresas como ACON Timber, Las Marías, Playadito, Ivoty, ADECO, ASRC, la foresto-industria y otras industrias correntinas en esa agenda de desarrollo?
Ocupan un lugar central, pero no como casos aislados ni como una enumeración cerrada. Son parte de un mismo ecosistema productivo que expresa la diversidad económica de Corrientes: industrias, cooperativas, asociaciones sectoriales, productores, empresas de servicios, comercios y PyMEs que trabajan todos los días para agregar valor y generar empleo en la provincia.
ACON Timber, Las Marías, Playadito, Ivoty, ADECO, ASRC y muchas otras firmas, cooperativas y entidades representan distintos sectores, distintas escalas y distintas historias empresarias. Algunas tienen una fuerte proyección industrial; otras expresan el cooperativismo, la producción primaria, los servicios, la logística o la representación sectorial. Todas forman parte de una misma realidad: Corrientes tiene base empresaria, recursos humanos, capacidad productiva y vocación de crecimiento.
Por eso no hay que mirar solamente a las empresas más visibles. Detrás de cada industria, de cada cooperativa, de cada establecimiento productivo y de cada entidad sectorial existe una red de PyMEs que sostiene buena parte de la economía correntina: transportistas, proveedores, talleres, contratistas, comercios, profesionales, prestadores de servicios, tecnología, mantenimiento, alimentación, energía, conectividad y logística.
Esta agenda no pertenece a una empresa ni a un sector en particular. Pertenece a todo el sistema productivo correntino. Las empresas más consolidadas abren camino, muestran escala, generan referencia y traccionan actividad; pero el verdadero desarrollo se produce cuando ese crecimiento alcanza también a las PyMEs, a los proveedores locales, a los trabajadores y a las comunidades del interior.
Una logística más competitiva no beneficia solamente a quienes exportan grandes volúmenes. También beneficia al pequeño productor que necesita colocar mejor su mercadería, al transportista que puede trabajar con más eficiencia, al taller que presta servicios, al proveedor que se integra a una cadena de valor, al comercio local que crece cuando hay más actividad y al joven correntino que encuentra oportunidades para quedarse en su provincia.
Corrientes tiene empresas insignia, cooperativas fuertes, industrias, asociaciones sectoriales, productores, PyMEs y talento. Lo que necesita es que la infraestructura, la hidrovía, los puertos, las rutas y las leyes acompañen ese esfuerzo. Porque cuando baja el costo logístico, no gana una empresa: gana toda la economía correntina.
¿Qué sigue después de esta gira?
Seguir construyendo estos espacios. El encuentro en COPRA no fue un punto de llegada, fue un punto de partida.
Hay una agenda concreta que quedó planteada: la reforma de la legislación de transporte fluvial, el futuro de la concesión de la hidrovía, el dragado del Paraná Superior, el fortalecimiento del Puerto de Ituzaingó, la posibilidad de consolidar terminales competitivas y la integración de las PyMEs correntinas a las grandes oportunidades de inversión.
Son temas que se van a definir en los próximos años y que van a determinar si Corrientes puede capitalizar su potencial productivo o si seguirá perdiendo competitividad por problemas que pueden resolverse con decisión política, diálogo técnico y participación del sector privado.
Desde el sector privado tenemos que estar en esa discusión con voz propia. Corrientes tiene empresas insignia, tiene recursos, tiene empresarios, tiene PyMEs, tiene ubicación estratégica y tiene capacidad productiva. Lo que necesita es una logística más competitiva y reglas que acompañen el desarrollo.



