Monseñor Larregain llamó a reconstruir los lazos sociales durante el Tedeum del 25 de Mayo

En el marco de las celebraciones por el 216° aniversario de la Revolución de Mayo, el obispo monseñor Larregain presidió este lunes el tradicional Tedeum en la Iglesia Nuestra Señora de la Merced, donde convocó a «reconstruir los lazos sociales desde gestos concretos de humildad, diálogo y servicio» y pidió por una Argentina «más justa, reconciliada y fraterna».

Monseñor Larregain llamó a reconstruir los lazos sociales durante el Tedeum del 25 de Mayo

Durante su homilía, el prelado evocó los orígenes de la patria y destacó el espíritu de quienes protagonizaron el 25 de Mayo de 1810. «Dieron un paso audaz hacia la libertad, la dignidad y la construcción del bien común», expresó ante autoridades y fieles presentes.

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Tomando como eje los textos bíblicos de los Hechos de los Apóstoles y el Evangelio de San Juan, Larregain comparó a la primera comunidad cristiana —»pequeña, frágil y atravesada por incertidumbres, pero confiada en la promesa de Dios»— con los hombres y mujeres que impulsaron el nacimiento de la nación argentina.

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El obispo advirtió sobre el contexto actual del país y señaló que «Argentina atraviesa tiempos complejos, dificultades sociales y económicas, tensiones que fragmentan y palabras que hieren más que construyen». Frente a ello, llamó a volver «a lo esencial»: la dignidad de cada persona, la búsqueda del bien común, la justicia social y la participación responsable.

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En otro tramo de su mensaje, sostuvo que «una patria no se edifica solo con normas o instituciones, sino con relaciones que reconocen al otro como hermano», y remarcó la necesidad de fortalecer «una verdadera cultura del encuentro».

Asimismo, pidió «el don del Espíritu Santo para nuestra patria», para que ilumine las decisiones, fortalezca en la adversidad y ayude a «pacificar los ánimos» en medio de las divisiones.

Larregain también tuvo palabras de especial devoción hacia la Virgen María, invocada como Nuestra Señora de Itatí y Nuestra Señora de la Merced, a quien encomendó «las preocupaciones y anhelos» del pueblo argentino.

Finalmente, exhortó a no caer «en la cultura del descarte» ni resignarse a la división. «Cada generación enfrenta su propio desafío fundacional. A nosotros nos toca optar entre el encierro individualista o la fraternidad abierta; entre la indiferencia o la cercanía comprometida», afirmó.

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