Operario de Tapebicuá brinda la situación crítica de la empresa y de los trabajadores

Ramón Ramírez describe la crítica situación de la empresa, incluyendo recortes salariales, falta de recursos básicos y la incertidumbre sobre el futuro laboral de los empleados.

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Ramón Ramírez, trabajador de Tapebicuá en Virasoro, describe la grave crisis que atraviesa la empresa y el impacto en sus empleados.

La situación es precaria, con los trabajadores recibiendo solo el 60% de su salario, complementado por una ayuda gubernamental que no llega a cubrir el 100%. La continuidad de esta ayuda está en duda tras el cambio de gobierno provincial, generando gran incertidumbre.

La empresa se encuentra en un estado deplorable, sin luz desde hace cuatro meses y con la falta de elementos básicos, como agua potable. Los trabajadores deben llevar agua desde sus casas.

Además, se han retirado máquinas alquiladas, lo que evidencia la falta de inversión y el deterioro de la infraestructura. A pesar de presentarse a trabajar, no hay tareas para realizar, lo que genera frustración y la sensación de estar «rascando» el tiempo.

Existe un plan de la empresa de enfocarse únicamente en el aserradero y el compensado, lo que significaría el despido de aproximadamente 200 personas. Si bien algunos trabajadores del aserradero tienen una situación económica más estable, el impacto social de estos despidos sería significativo para la comunidad.
Ante esta situación, los trabajadores se ven obligados a buscar alternativas para complementar sus ingresos. Ramón, por ejemplo, ha emprendido un negocio de venta de pollos asados los fines de semana. Esta realidad refleja la desesperación y la necesidad de suplir la falta de un salario digno.
La comunicación entre la empresa y los trabajadores es prácticamente inexistente, lo que alimenta la desconfianza y la incertidumbre. Ramón señala que la empresa está esperando una respuesta «de afuera», mientras que las autoridades y representantes del sector afirman que la empresa se está encargando de la situación. Esta contradicción genera confusión y la sensación de abandono.
Ramón, a pesar de la difícil situación, mantiene la esperanza de que la empresa pueda salir adelante. Sin embargo, reconoce que el futuro es incierto y que los trabajadores deben estar preparados para lo peor, incluso para la posibilidad de perder sus empleos.

Ramón hace un llamado a los dueños, delegados y funcionarios para que se acerquen a los trabajadores y les digan la verdad sobre el futuro de la empresa.

También transmite un mensaje de esperanza a sus compañeros, instándolos a no perder la fe y a mantenerse unidos en este difícil momento.

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